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El cáncer lo obligó a detenerse. Candelaria lo vio renacer

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Se corría la Edición 1987 de la Clásica Candelaria Internacional; Roberto Alfaro no llegó buscando un podio. Tampoco perseguía un tiempo determinado. Meses atrás, correr una carrera parecía algo demasiado lejano.

Había enfrentado el cáncer.

El diagnóstico había cambiado por completo su vida. Los días que antes estaban llenos de trabajo, familia y actividades cotidianas comenzaron a dividirse entre consultas, tratamientos, incertidumbre y espera.

Hubo momentos en los que su cuerpo simplemente no respondía como antes.

Y también hubo miedo.

Miedo a no recuperarse.
Miedo a que la enfermedad regresara.
Miedo a imaginar un futuro que, durante algún tiempo, dejó de parecer seguro.

Pero Roberto comenzó a avanzar.

Primero fueron pequeñas cosas.

Levantarse con más energía. Caminar un poco más. Recuperar el apetito. Sentir nuevamente fuerzas en las piernas.

Hasta que un día decidió intentar correr.

No llegó lejos.

Pero volvió al día siguiente.

Y después otra vez.

Cada pequeño recorrido se convirtió en una manera de recuperar algo que la enfermedad había intentado quitarle: la sensación de tener nuevamente el control de su propia vida.

Una mañana de 1987

Cuando Roberto se presentó a correr Candelaria, probablemente pocos de quienes estaban a su alrededor conocían todo lo que había sucedido antes de aquella mañana.

Para los demás era simplemente otro corredor esperando la salida.

Para él, era diferente.

Cada kilómetro representaba algo.

Los días difíciles.
Las personas que permanecieron a su lado.
Las veces que tuvo miedo.
Las mañanas en las que volvió a intentarlo.

Roberto avanzó sin preocuparse demasiado por quienes corrían delante.

Porque aquella carrera no era contra ellos.

Era contra todos aquellos momentos en los que había pensado que quizá nunca volvería a sentirse así.

Y finalmente llegó a Paraíso.

Cruzó la meta cansado, emocionado y con una certeza que ningún cronómetro podía medir:

seguía aquí.

Cuarenta años después

En 2027, la Clásica Candelaria celebrará su edición 44 bajo un concepto que habla precisamente de historias como la de Roberto.

RENACER.

Porque renacer no significa olvidar lo que ocurrió.

Significa cargar con las cicatrices, con los días difíciles y con todo aquello que alguna vez nos obligó a detenernos… y aun así decidir avanzar.

Quizá quien llegue a la salida de Candelaria 2027 esté regresando después de una enfermedad.

Quizá venga de una pérdida.

De una separación.

De años sin correr.

O simplemente de una etapa de su vida en la que dejó de elegirse a sí mismo.

Nadie en una línea de salida conoce completamente la historia de la persona que tiene al lado.

Y esa ha sido parte de la esencia de Candelaria durante generaciones.

Miles de personas.

Miles de razones diferentes para correr.

Roberto Alfaro tuvo la suya en 1987.

Cuarenta años después, su historia nos recuerda que algunas de las victorias más importantes de una carrera suceden mucho antes de escuchar el disparo de salida.

En 2027 volveremos a encontrarnos en el camino hacia Paraíso.

Algunos llegarán buscando una marca.

Otros llegarán simplemente para demostrar que pudieron regresar.

Porque mientras exista la posibilidad de dar otro paso, también existe la posibilidad de comenzar nuevamente.

Candelaria Internacional 2027
RENACER

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