Noticias

1984: Cuando una atleta limonense desafió todos los pronósticos en la Segunda Edición de Candelaria Internacional.

Noticias

A las cuatro de la mañana, cuando Limón todavía dormía, Mariela Campbell ya estaba despierta.

Mientras otras jóvenes de su edad se preparaban para ir al colegio o ayudar en casa, ella salía a correr por las calles húmedas del barrio. No tenía entrenador, cronómetro ni pista de atletismo. Solo un viejo reloj de pulsera que su padre le había regalado antes de fallecer.

Su madre sostenía sola el hogar con pequeños trabajos de limpieza. Había días en los que el dinero apenas alcanzaba para la comida, así que hablar de tenis nuevos o de viajar a competir parecía un lujo imposible.

Más de una vez pensó en dejar de correr.

No porque le faltaran ganas, sino porque sentía culpa de perseguir un sueño cuando en casa había necesidades más importantes.

Un domingo, mientras regresaba de entrenar, encontró a su madre remendando por tercera vez el mismo par de tenis.

“Todavía aguantan una carrera más” —le dijo con una sonrisa que escondía el sacrificio de no poder comprar otros.

Ese día Mariela lloró en silencio.

No por los zapatos.

Lloró porque entendió que alguien estaba creyendo en ella incluso cuando ella misma empezaba a dejar de hacerlo.

Meses después escuchó hablar de una carrera en Cartago llamada Candelaria Internacional.

Sabía que el viaje era largo y costoso. Vendieron repostería durante varias semanas, vecinos aportaron pequeñas monedas y un conductor de autobús, al conocer su historia, decidió ayudarla con parte del pasaje.

Cuando llegó a la línea de salida en 1984 sintió que ya había ganado.

Porque entendió que aquella carrera no comenzaba en Cartago.

Había comenzado mucho antes, en las madrugadas lluviosas de Limón, en unos tenis remendados y en una madre que nunca permitió que los sueños de su hija se rompieran antes que sus zapatos.

Mariela no cruzó la meta en primer lugar.

Pero regresó a casa con algo mucho más valioso.

La certeza de que el esfuerzo también inspira.

Y que, a veces, una sola corredora puede representar el sueño de toda una comunidad.

Loading